No pierdan de vista al PAS, porque puede ser la diferencia.

No pierdan de vista al PAS, porque puede ser la diferencia.

Coordinador de la Maestría en Juicios Orales del CEUS

(Columna Sustancia sin retórica, Periódico El Debate)

 

El proceso electoral 2017-2018, que arrancó formalmente el día 8 de este mes, es muy posible que sea la madre de todas las batallas políticas después de las que se suscitaron en 1910, y del nivel de competencia a las de 1988, cuando el régimen priista se enfrentó a una dura competencia contra el Frente Democrático Nacional, que postuló como su candidato a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, y el Partido Acción Nacional a Manuel de Jesús Clouthier del Rincón.

Recordemos que dicho proceso culminó con la famosa “caída del sistema” y el incendio de los paquetes electorales en el sótano del palacio de San Lázaro, sede de la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión.

Situados ahora en el actual proceso electoral 2017-2018, vemos que serán 3,326 cargos de elección popular que estarán en disputa tanto del ámbito federal como locales. En él se elegirá al presidente de la República, a 128 senadores y a 500 diputados al Congreso de la Unión, así como también a 9 gobernadores de los estados, presidentes municipales, síndicos procuradores y regidores.

Dijimos que será la madre de todas las batallas, quiérase o no, porque hay un enorme hartazgo y repudio al actual régimen de gobierno, derivado entre otras cosas, por sus reformas estructurales  –principalmente la petrolera, la hacendaria y la educativa que han dejado mucha irritación social, así como la galopante corrupción desatada en el gobierno de Enrique Peña Nieto–. Y porque este último personaje tiene una pésima imagen que ha impactado enormemente en contra del Partido Revolucionario Institucional, que hasta lo colocan las encuestas en el tercer lugar. Aunque no se descarta que dicho proceso puede ser muy cerrado formalmente, en términos de sufragios.

De ahí que resulta lógico y hasta necesario desde el punto de vista pragmático, que cualquiera de los partidos políticos nacionales hagan una alianza estratégica con el Partido Sinaloense –PAS–, máxime que éste les puede significar alrededor de trecientos mil sufragios, y que este número de votos pueden resultar la diferencia necesaria para un eventual triunfo de determinado candidato que postulen a la presidencia de la República, al Senado y a la Cámara de Diputados Federal.

También, porque se sabe que es un partido local muy bien organizado y con una estructura muy sólida que cubre todos los comités seccionales de Sinaloa, donde se instalarán las casillas en las que se recibirán los votos ciudadanos el 1 de julio de 2018.

En ese marco, es preciso recordar que en una democracia como la nuestra, se puede ganar o perder con un solo sufragio la presidencia de la República, en la hipótesis de que el actual régimen político contienda de manera genuina y pulcra contra el llamado Frente Amplio Ciudadano, y además también contra Morena y sus posibles aliados. De tal manera de que sean tres bandos fuertes los que se disputen el poder político en México, y de que en consecuencia pueda estar muy cerrada la votación. Escenario en el cual resulta muy lógico prever desde ahora la necesidad de una alianza estratégica con el PAS, porque este partido puede marcar la diferencia, quiérase o no.

Luego entonces, ante ese posible escenario, lo recomendable es no descuidar ningún flanco, desde el punto de vista de la operación política, porque esta puede ser la madre de todas las batallas electorales de la historia de México, o al menos de la contemporánea. No lo olviden.

 

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